El agua en Mendoza: las acequias mendocinas
Las lluvias de verano en Mendoza son fuertes, agudas y fugaces. Mendoza tiene un clima desértico, con inviernos crudos y veranos de temperaturas extremas. Frente a esta realidad climática nuestros antepasados (tatarabuelos), en base a trabajo y esfuerzo, conformaron oasis productivos junto a los grandes ríos donde las poblaciones fueron creciendo.
Ideadas y trazadas por los huarpes y perfeccionadas por los españoles durante la época de la Colonia, las acequias de Mendoza se han convertido en un ícono de la ciudad. Surgen de la necesidad de enfrentar el gran calor mendocino, que determina que los habitantes necesiten de los árboles para paliar las altas temperaturas de la época estival.
Las acequias son las verdaderas arterias para transportar el agua que dan de beber a nuestros árboles. Primero por necesidad y luego por una cultura que se fue transmitiendo de generación en generación, las acequias se convirtieron en la imagen de la ciudad, un hecho destacado por todos aquellos turistas que recorren la provincia.
Lo que esta sucediendo con estos pequeños canales de riego, tan útiles para la vida de la ciudad, es que día a día se depositan kilos y kilos de basura, lo que implica que el agua colapsa y no se riegan las raíces de los árboles. ¿Sabés quiénes son los responsables de esto? Todos los mendocinos que tiramos algo (aunque sea un papelito) a nuestras acequias.
¿Qué sucede en el resto de las ciudades de nuestro país? Contanos qué pasa con el agua en tu ciudad.



